Hay antecedentes muy recientes

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Updated: octubre 10, 2008

La infiltración del narcotráfico en el futbol mexicano no es cosa nueva. Antecedentes hay, y muy recientes.

El más importante, por lo que significó en su momento, fue la desaparición de los equipos Querétaro e Irapuato en 2004. El 16 de julio de ese año, EL UNIVERSAL reveló que la extinción de estos equipos se debió a supuestos nexos con el narcotráfico.

La reducción de 20 a 18 equipos en el máximo circuito del balompié nacional, que implicó la compra de las franquicias del Irapuato y el Querétaro, se trató de una estrategia para “limpiar” el futbol nacional.

El caso del Querétaro despertó preocupación, porque trascendió que en los días de pago llegaban hasta el vestuario personas no identificadas con portafolios repletos de dólares, que se repartían a los jugadores. Dirigentes de la FMF relacionaron el caso con lavado de dinero.

Otra situación se vivió con el desaparecido Celaya, vinculado al Irapuato, por medio de un misterioso individuo conocido como El Tío, José Martínez.

Se suponía que la operación de “limpieza” seguiría en los circuitos menores, ante la preocupación por evitar que se cayera en el esquema colombiano, en el que el narcotráfico ganó espacios paulatinamente.

La detención del mediocampista colombiano del Necaxa, Carlos Augusto Álvarez en el aeropuerto internacional Benito Juárez el 11 de abril de 2003, cuando intentaba salir del país con más de un millón de dólares causó controversia. Se supo que el dinero fue entregado al ex futbolista por Jorge Mario Ríos Laverde, quien también fue capturado en la terminal aérea el 26 de octubre de 2002, en una camioneta propiedad de la Promotora Internacional Fut Soccer, del empresario Guillermo Lara, ligado al Querétaro e Irapuato.

Un año después, la PGR solicitó al Departamento del Tesoro de EU informes sobre movimientos financieros de personajes ligados al futbol mexicano. Las investigaciones apuntaron al cártel de Cali y al cártel del Norte del Valle de Colombia, y a operaciones financieras sospechosas entre Lara, Paul Solórzano Lozano y Ríos Laverde, dos presuntos narcotraficantes colombianos.

fuente El Universal

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