PostHeaderIcon El empate saca al Merengue

El Barcelona empató hoy 2-2 con el Real Madrid y avanzó a las semifinales de la Copa del rey tras un agónico partido con múltiples alternativas y en el que se vio la mejor versión del equipo blanco, condenado pese a todo.

 El empate saca al Merengue semifinales de la Copa del rey Real Madrid José Mourinho Barcelona

El equipo de Jose Mourinho realizó una muy buena primera mitad, en la que dispuso de ocasiones para dar la vuelta al 2-1 de la ida. Pero no las anotó. Su oponente, inferior en juego, acertó en las dos que tuvo, ambas al final del primer periodo.

En el segundo, el Real Madrid renació con los tantos consecutivos de Cristiano Ronaldo (67′) y de Benzema (71′), que provocaron la taquicardia del Camp Nou, que parecía ya relajado con el 2-0 del descanso.

El Barcelona salió empeñado en darle emoción a la eliminatoria e incluso a ponerse por detrás en el marcador bien pronto, como en los dos últimos clásicos.

A los 11 segundos, un desentendimiento entre Alves y Piqué provocó que le regalaran la pelota a Higuaín, que, quizás frío o sorprendido, no acertó a meter el balón en el arco de Pinto. El Camp Nou elevó un grito conjunto de pánico a la templada noche barcelonesa.

No fue un despiste pasajero. Una falta lateral se saldó con un nuevo remate de Higuaín, atajado ahora por Pinto.

El Real Madrid se dejó su traje más austero en casa y vistió sus mejores galas, como en las dos últimas visitas al Camp Nou, donde hace más daño al Barcelona que en su propio feudo.

Con el odiado Pepe -al que la afición gritó “asesino, asesino” y nunca dejó de vilipendiar y abuchear- en la defensa, el equipo blanco, hoy sí valiente, fue el líder de la Liga, aquel que brilla siempre excepto ante los azulgranas. Pero hoy lo hizo incluso ante el Barcelona.

La presión alta ahogó a los azulgranas, turbios mentalmente e incapaces de sacar la pelota de su campo. Un contragolpe tras un resbalón de Piqué le dio ventaja a Kaká, que cedió a la izquierda a Cristiano Ronaldo, cuyo remate, parecido al del gol de la ida en Madrid, lo frenó esta vez Pinto, mal con la pelota en los pies, pero rápido de reflejos.

En diez minutos, el Real Madrid había hecho más daño al Barcelona que en los dos últimos clásicos. Pero el marcador era de 0-0.

En el minuto 14, por fin el Barcelona rompió la línea de presión, pero Fábregas eligió mal. No lo hizo Özil, cuyo espectacular disparo con la zurda desde lejos golpeó en el travesaño silenciando de nuevo a un estadio atónito. Mientras, Josep Guardiola, técnico azulgrana, se desgañitaba tratando de resolver el entuerto de su equipo.

En el ’27, de nuevo lo tuvo Higuaín tras una pérdida de Pinto, que enmendó su error.

Por si el Barcelona no tuviera suficientes problemas, se lesionó -de nuevo muscularmente- Iniesta, sustituido por Pedro. El equipo azulgrana, para entonces, parecía haber tapado al menos las vías de agua.

El Camp Nou soltó su adrenalina sobre Cristiano, amonestado, y sobre Pepe, que se dejó caer fingiendo un golpe con Puyol, encendiendo (aún más) los ánimos contra él.

Y por fin el Barcelona salió bien de la presión. Fue Messi. Repitió una de sus galopadas marca registrada, atrajo a los defensas hacia sí y cedió a la izquierda en el momento perfecto para Pedro, que definió con una precisión por la que hubiera matado Higuaín.

Messi vio la amarilla por golpear a Pepe -¿un acto de venganza por el pisotón de la ida?- y Lass Diarrá pudo ver la segunda por una entrada al argentino, pero el árbitro decidió que no. El escándalo se saldó con el lanzamiento de falta que culminó Alves en el ’45 de magnífico derechazo a la escuadra del arco de Casillas.

Nunca y ante nadie el Barcelona había sufrido tanto y se marchaba al descanso con un resultado tan favorable.

Mourinho dio entrada a Granero por Lass. Más fútbol para los blancos, que vieron cómo en el ’53 el árbitro les anulaba un gol de Ramos de cabeza por discutible falta previa.

El Real Madrid encontró motivos para creer con el gol de Cristiano en el ’67, en la primera ocasión del conjunto blanco en la segunda mitad, con un Barcelona que había encontrado más comodidad en el manejo de pelota. Le duró poco.

El astro portugués blanco definió como no lo había hecho Higuaín. Y también el sustituto del argentino, Benzema, exquisito para poner el 2-2 aprovechando finalmente cuatro minutos después una nueva pérdida de pelota en la salida azulgrana.

Quedaban 19 minutos de infarto. El Real necesitaba sólo un gol para darle la vuelta a todo. Lo tuvo Benzema. Guardiola dio entrada a Mascherano en busca de control. El técnico aventuró en la víspera que todo se resolvería al final y acertó.

Messi pudo sentenciar. No lo hizo. Ramos fue expulsado por doble amarilla -falta y protesta- y dio algo de aire a los azulgranas. Pedro tampoco sentenció de cabeza. El Real aún seguía vivo. Pero terminó muriendo de nuevo a pesar de mostrar su mejor cara, muy diferente a la de la ida.

Fuente El País

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